La heroica derrota de ser joven en México: reseña a Ninis héroes

“Ninis héroes” es un cortometraje experimental realizado por artistas sonoros y visuales de Tijuana. A grandes rasgos es un intento por comparar las figuras patrias con la vida cotidiana de los jóvenes mexicanos, con un toque amargo de desencanto pero con los ojos bien abiertos ante la realidad social. Dirigido por Joey Muñoz y con música de Moisés Horta (parte de la banda Los Macuanos), este video fue grabado en la ciudad de México en 2012, producido por Benjamín Ocaranza y estrenado en 2013.

El video juega con los valores patrios mexicanos y su contraparte, el saqueo permanente y sistemático de la nación. El primer acto se llama “Cadenas”, título significativo ya que las figuras patrias se asocian en el panteón patrio mexicano con la entrega de la vida por la libertad. En medio del bosque de Chapultepec, Juan Escutia (interpretado por Erick Tovar Jiménez) despierta del salto que dio con la bandera de México, ahora teñida por completo de negro (los bordes del escudo aún pueden percibirse al tacto). A unos metros de donde se encuentra hay una avenida transitada y una gasolinera. Juan Escutia se queda mirando a los carros que pasan con velocidad; cruzando la calle hay una manta que dice: “Levántate y defiéndete”.

Mientras merodea por el bosque de Chapultepec, Juan Escutia encuentra, inscrito en el monumento a los Niños Héroes, su propio nombre. Envuelto en la bandera negra como si fuera un rebozo, camina hasta llegar a una plaza concurrida; desde ese momento dobla la bandera y la estruja entre sus manos. En una de las esquinas, un payaso hace reír a multitudes de niños y familias. Nadie nota la presencia de Juan Escutia y él tampoco busca que lo reconozcan. Se entera que ahora hay arterias viales donde antes había ríos. Da una vuelta por la ciudad, que ha crecido monstruosamente, divisa el World Trade Center, la torre de Pemex, un Centro Histórico plagado de granaderos y grupos de choque. Cansado, se sienta en un callejón, donde se encuentra a una chica (Val Anzaldo) quien lo lleva a su casa, le enseña a utilizar una computadora y lo pone al tanto de todas las cosas que han sucedido en el país desde su acto heroico.

El recuento histórico desde la invasión estadounidense de 1848 hasta fechas muy recientes constituye el segundo acto, “Adiós Campo Marte”, con el sugestivo subtítulo “pesadillas de la patria”. Una máscara de jade mira fijamente a los espectadores mientras una cascada de imágenes y frases históricas, tomadas de películas, documentales y noticieros, resumen lo que Juan Escutia necesita saber. La anexión de los estados del norte a Estados Unidos. La intervención francesa. Benito Juárez, las leyes de Reforma, Maximiliano de Habsburgo y su fusilamiento. La llegada de Porfirio Díaz al poder, la huelga de Cananea; la entrada de los villistas y zapatistas a la Ciudad de México. El ascenso y la caída de Francisco I. Madero. La fundación del Partido Nacional Revolucionario y el maximato callista; el cambio de nombre a Partido de la Revolución Mexicana por Lázaro Cárdenas. El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Las Olimpiadas de México; la matanza de Tlatelolco enmarcada por la afirmación del “Monstruo de la laguna verde”, Gustavo “el Mandril” Díaz Ordaz, al ser nombrado embajador de México en España: “pero de lo que estoy más orgulloso es del año de 1968, porque me permitió servir y salvar al país”.

Conforme se acerca al presente, la descripción de cada sexenio se vuelve cada vez más detallada. El discurso de José López Portillo en su último informe de gobierno, con puñetazo en el atril y lágrima enjugada. El resurgimiento de la caricatura como medio alternativo de expresión política. El terremoto de 1985. El gabinete de Carlos Salinas de Gortari, en un acercamiento que concluye con el presidente mirando furtivamente a la cámara. El incremento progresivo de la “seguridad” pública. En una manifestación, detrás de una pancarta del desaparecido Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, se despliega una foto de Salinas con orejas de Mickey Mouse y dientes de roedor. “Solidaridad: unidos para progresar”. El Tratado del Libre Comercio de América del Norte. El asesinato del cardenal Posadas Ocampo. Salinas aplaude al son de la música, con una gran sonrisa. Luis Donaldo Colosio cae acribillado en Lomas Taurinas. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Ernesto Zedillo y el “error de diciembre”. La quiebra de la banca y el rescate federal. El incremento de la migración ilegal a Estados Unidos. La guerra de baja intensidad en Chiapas. La matanza en Acteal. La multitud ruega a Vicente Fox: “No nos falles, no nos falles”. Acto seguido le besa la mano al papa. Fox habla con George Bush hijo. Los deslices semánticos del presidente más estúpido de la historia: “Un país en el que cada vez haya más… menos pobres”. La guerra contra el narco de Felipe Calderón, quien acusa a la industria armamentista norteamericana de lo que pasa en México. 11 muertos en Casino Royale. La “balacera de la Cúpula” en Tijuana, los niños del kínder son evacuados por fuerzas especiales. Escenas de degollamientos, cabezas alineadas unas junto a otras. La represión en Atenco. El regreso triunfal del Partido Revolucionario Institucional. Manifestaciones, manifestaciones y más manifestaciones. Nuevas estrategias de control policial: detenciones arbitrarias, encapsulamientos, provocaciones. Los Peña Nieto: una familia de telenovela. Los jóvenes son estigmatizados como agentes subversivos, criminalizados, duramente reprimidos. Los jóvenes se radicalizan. Un Peña Nieto resiste el embate del viento en un discurso, mientras la bandera que adornaba el podio cae al suelo estrepitosamente. La nación se desmorona.

El último acto comienza con un concierto de música electrónica en la Estela de Luz, un monumento creado durante el sexenio de Calderón y que, lejos de conmemorar el Bicentenario de la independencia de México (para lo cual se creó), se ha asociado frecuentemente con las miles de muertes generadas por esta guerra. Juan Escutia es llevado por su amiga y otro acompañante a este concierto, donde bailan, miran a la gente divertirse, se drogan. En la Estela se proyectan imágenes de caricaturas y videoclips. Con la mirada un poco borrosa, Juan Escutia yutxtapone los destellos del concierto con filas de soldados marchando. Incluso hay niños y hasta perros en el concierto. Saludo militar, paso redoblado, ya. De pronto, Juan Escutia y compañía van en un auto rumbo a una fiesta. Él se queda fascinado por la fluorescencia de la noche chilanga; pasan junto a “Xipe Totec” de Thomas Glassford, la red de luces de neón que rodea el edificio del Centro Cultural Universitario de Tlatelolco; sin embargo, un anuncio luminoso de Coca-Cola tiene el mismo efecto en él. Juan Escutia se malviaja con el movimiento y la velocidad. Por fin llegan a la fiesta, donde un DJ toca en vivo. Le pasan a Juan Escutia una Tecate. Pensativo, se da cuenta que detrás del DJ está colgada su bandera negra. La toma y sale de la fiesta. Juan Escutia se vuelve a lanzar al vacío.

“Ninis héroes” se enmarca en el proyecto Distopía Federal, aunque pensándolo bien toda la Ciudad de México, incluyendo el área urbana del estado mexiquense, podría considerarse como una distopía. En esto se parece al trabajo desempeñado por 2.0.1.3. editorial, quienes hablan de la “ex ciudad de México” y publicaron la antología “Mi país es un zombie”. Muchos artistas contemporáneos coinciden en que el panorama de nuestra realidad es bastante sombrío. El joven es representado como un delincuente, como un revoltoso o como un nini. Siempre como un estorbo, nunca se le considera la solución. Es una generación que necesita demostrar lo mucho que puede ofrecer sin que nadie crea en ella. Independientemente sobre si los Niños Héroes realmente fueron héroes (o si existió siquiera Juan Escutia), el cortometraje acierta en poner el ojo sobre el sector social más estigmatizado durante la distopía neopriísta.

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