Chinos y discriminación en Baja California: misma historia, distintos rostros

Lo Yen City

La polémica en torno al uso de carne de perro en restaurantes de comida china en Tijuana proyecta un miedo colectivo inconsciente a la vez que encubre una costumbre silenciosa pero constante en Baja California: los patrones continuos de discriminación. En el ensayo que abre Sobre vivir Tijuana, libro de próxima aparición, abordo este asunto que me ha intrigado desde mi llegada a Baja California, particularmente desde que viví por unos meses en Mexicali. El regionalismo “foráneos” para referirse a quienes no son mexicalenses, o la rencilla regional entre Chicali y Tijuana, desarrollada casi exclusivamente en un plano simbólico, me sirvieron para reflexionar sobre los alcances y las características de los patrones de diferenciación en el estado, que bajo ciertas circunstancias pueden dar pie a comportamientos discriminatorios. En este ensayo también hablo sobre la discriminación en Tijuana a otros grupos sociales, como los migrantes (en particular los sinaloenses, o chinolas), los pueblos indígenas y “tribus urbanas” como los emos y los buchones.

El tema de la discriminación de los chinos en el noroeste de México ha sido investigado por expertos como Servando Ortoll y el difunto Luis Ongay, en sus aportaciones al libro colectivo Racismo, exclusión, xenofobia y diversidad cultural en la frontera México-Estados Unidos. Pero cuando salió la noticia del operativo y clausura del restaurante Lo Yen City, a la cual seguiría más de una docena de historias similares, la reacción fue una mezcla de desconcierto y chacoteo. Muchos tijuanenses estaban ondeados y no les parecía graciosa la idea de perros rasurados a punto cocinarse. También hubo muchos, muchísimos memes al respecto: “Ahorita no joven, me van a hacer Chun Can”. “¿Quele pelo con piña?” “Sale un lonche de perro cantonés”. “No, pos guau”. Y claro, las alusiones a los otros perros ilustres de la ciudad, el club de fútbol Xolos de Caliente, no se hicieron esperar. No por coincidencia Hank Rhon, dueño del equipo y ex-alcalde de la ciudad, aprovechó el momento para denunciar la presencia de carne de perro, aunque no en los restaurantes de comida china, sino en las taquerías. La “legendaria perrocoa” contraataca.

Lo que no se menciona en toda esta polémica es el hecho de que el dilema en cuestión sólo es un tabú en la cultura occidental. Es una convención social que la carne de mascotas domésticas, como los perros y los gatos, no sea apropiada para consumo humano. Es sabido que estas costumbres alimenticias son comunes en algunos países asiáticos. Por su parte, los franceses comen carne de caballo, una práctica que quizás en México tampoco sería bien vista. El dueño de Lo Yen City salió libre, sin cargos de tipo sanitario, sino por maltrato y crueldad animal.

Sin embargo, eso no quita que no haya gato (¿o perro?) encerrado en la declaración del ex-alcalde. La desviación de atención hacia las taquerías también es un movimiento estratégico ante el escándalo. Se ha reportado al gobernador del estado comiendo en un restaurante chino, como para dar legitimidad al local, pero a la vez estableciendo alianzas comerciales con un grupo étnico con presencia en la sociedad bajacaliforniana. ¿Nadie se acuerda de Blinky, el pez de tres ojos que arruinó la campaña electoral de Montgomery Burns en Los Simpsons? Además, la cobertura tan flagrante de la prensa durante el operativo, la detallada filmación de los perros muertos y los sobrevivientes, detalla una cuidadosa producción de la noticia.

blinky burns

Esto nos lleva al lado oscuro de esta polémica: el estigma social que deja este escándalo sobre la comunidad china en Tijuana y el resto de Baja California. En páginas de Facebook como Tijuana Rulz, que fomenta tanto los chistes xenófobos como las campañas en contra de la discriminación, se menciona cómo a algunos chinos se les niega el abordaje al transporte público, y cómo el hostigamiento a la comunidad china va en aumento. La noticia de que se registró una baja en las ventas de comida china siguió casi inmediatamente a la de la clausura de numerosos restaurantes chinos. Y el asunto aquí es que, desde cualquier perspectiva que lo miremos, todo en este asunto es re-presentación: simulacros, diría Bauidrillard, empezando por el video excesivamente detallado del perro desollado listo para su preparación, pasando por los malabares políticos en torno al tema, hasta los comentarios, bromistas sobre todo, de miles de usuarios en las redes sociales.

Este es otro punto que trato en el ensayo sobre discriminación en Baja California, a partir de lecturas de Frantz Fanon y Everardo Garduño: las bromas ocultan una disputa (simbólica o fáctica) por los recursos de la región. La discriminación es un mecanismo de defensa ante la constante alienación en la frontera. En el caso de Tijuana, esto no resulta sorprendente cuando se tiene al frente a San Diego, una de las ciudades estadounidenses más jerarquizadas social y racialmente.

 

Fragmentos de Sobre vivir Tijuana:

Chinola is the new chilango […] Los  tijuanenses  tienen  que  preguntarse  por  qué  el mecanismo  del  estereotipo está ahora en marcha para estigmatizar al sinaloense, donde a la nueva ola migrante se le atribuyen características similares a los de la ola previa, y en última instancia cumplen la misma función de chivos expiatorios. También es necesario develar cuáles son los mecanismos por medio de los que se activan los prejuicios que desembocan en los actos de discriminación, sean estos “inofensivos” o no. Finalmente, comprendamos que el hecho de que no haya una acción o agresión física no quiere decir que no tengan un efecto, fáctico o simbólico […]

Mi  Tijuana  es,  como  la  de  los  tijuanenses mismos,  una  ciudad  imaginada. Yo  la construí con base en mis gustos, mis necesidades, y mis posibilidades materiales y sociales (manutención,  tiempo  libre, etcétera) […]

Así  como  el  símbolo  “Tijuana”  está  sobrecodificado por una  serie de  estereotipos estigmatizadores (por lo menos a nivel académico), también lo está la imagen del forastero que viene a Tijuana. Todos los pobladores de la ciudad, incluso aquellos cuyas familias llevan muchas  generaciones  aquí,  son  de  algún  modo  “extranjeros”. Los  únicos  a  quienes históricamente les pertenecerían estas tierras son los yumanos, pero poco se habla de ellos en los discursos sobre Baja California […]

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