Roberto Banda – Escribir desde/hacia/contra la nada

“Es raro escribir para la nada, sin duda. Ya lo has dicho: todos lo hacemos. La escritura nació no como un modo de comunicar sentimientos, ideas o emociones sino como un modo para no hacernos bolas cuando se trataba de hacer negocios que tenían una importancia nueva en la vida de gente como nosotros. Después pasó a lo tocante con los asuntos de cómo debíamos comportarnos o cómo ser gobernados para no terminar matándonos. La llegada de la escritura a la expresión es tardía. En cualquier caso, creo que su importancia es la de dar sentido a aquello que no tiene sentido previo, ya sea con números, leyes, preceptos morales, iluminaciones estéticas o simple expresión. La cosa es que fuera de lo humano no hay sentido alguno, o no lo hay al menos como nosotros lo entendemos y lo podemos concebir. De ahí que, como bien dices, escribimos para la nada pues fuera de nosotros mismos y haciendo de lado la posibilidad de que exista alguna entidad extraña a nosotros a la que pudiera interesarle, todo lo escrito se perderá en el olvido y la destrucción. Pero visto más ampliamente, esto pasará con todo lo humano y también con todo lo que llamamos “terreno” pues el destino de este universo parece ser el imperio de la entropía por los eones de los eones. 

 
“Eso me lleva a una frase de Norbert Wiener que siempre me ha parecido un poco incomprensible: un cliché proporciona menos información que un gran poema. Parece demasiado redundante pues sólo tienes que substituir la frase proporciona menos información por dice menos. Pero no es tanto que algo diga sino cómo funciona el enunciado. Esto es algo que he estado investigando un poco pues se ha convertido en una obsesión de un tiempo a la fecha. En teoría de la información, la entropía es la unidad que mide el caos o el desorden probable en un mensaje. La información sería su contrario, sería la medida del orden y la organización en los mensajes, la anti-entropía que necesita un sistema en particular para que haya comunicación a cualquier nivel. Pero el término entropía nace en el seno de la termodinámica, aquella teoría física que establece los presupuestos básicos que hemos podido captar  sobre el funcionamiento del universo que consideramos leyes que rigen su funcionamiento y estructura. Para resumirlo de la manera más vulgar y para agilizar las cosas, la entropía es el resultado final, necesario e irreversible de todo sistema térmico tras la realización de un trabajo en donde se utiliza energía; en cristiano: todo lo que hace un ser vivo termina por llevarlo a la tumba. ¿Por qué tanta cháchara para una frase que parece obvia?

“Hay que volver a la nada para entenderlo. Los manuales dicen  que entre mayor sea la entropía de un sistema se puede determinar el paso de un estado preliminar a uno final, ergo la dirección temporal hacia la que avanza el proceso. Si consideramos la entropía como aquello que establece la dirección de la flecha del tiempo (siempre hacia adelante pues el proceso es irreversible) la información se convierte en aquello que va en contra del proceso entrópico, aquello que trata de parar por un momento el desorden para ordenar las cosas. Lo sé, demasiada paja académica y técnica que puede no tener sentido más allá del campo de estudio para el que es determinante. Pero volviendo a la frase de Wiener y a la escritura, podríamos llegar a una conclusión que puede ser forzada pero que cobra sentido con aquello que dices de la escritura de Pessoa y la fama. Un gran poema proporciona (y produce) más información que un cliché porque de alguna manera la escritura es aquello que ordena y da un sentido a la vida más allá de aquello que sólo está destinado para ser repetido, usado y tirado en cualquier momento. La escritura así considerada es una forma de lucha en contra de la entropía, en contra del sentido hacia el que avanza el tiempo, en contra de la muerte. Escribimos para la nada porque sabemos que hacia allá irá nuestro trabajo. Pero al hacerlo, lo hacemos a la vez contra la nada, pues siempre estamos en la lucha contra ella, aun si nuestra lucha puede producir mayor cantidad de caos del que ordenamos. La nada, a final de cuentas, es una idea que tenemos, una idea angustiante que nos causa repulsión pues es paradójica: ex nihilo nihil fit decimos junto a Parménides. Pero el mismo Parménides no podría haber creado su teoría si la idea de la nada no lo hubiera tocado en su ser, lo cual es un poco irónico a pesar de la lógica de su argumento. Escribir para la nada desde mi experiencia no es sólo aquello que hacemos y que nos aterra, sino escribir para esa entidad conceptual que también nos impulsa a crear como una forma de agradecimiento y lucha, por y contra su paradójica y virtual existencia.” 

Roberto Banda
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