“Sobre la Zona Río” en “Tijuana de papel”

Un fragmento de mi libro Sobre vivir Tijuana apareció en la antología Tijuana de papel, editada por Humberto Félix Berumen, Tijuana: IMAC, 2019, pp. 173-175.

Tijuana de papel

El Paseo de los Héroes, una de las arterias viales de la Zona Río, está lleno de esculturas en cada cruce o glorieta importante, a lo largo de cuatro cuadras largas. Si se viene del este hacia la Línea, la primera es una estatua de Lázaro Cárdenas, prácticamente en medio del cruce con Sánchez Taboada, justo en la esquina del antiguo predio del Casino Aguacaliente, ahora Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas y Escuela Secundaria Técnica núm. 1. A contra esquina de la estatura se encuentra la Plaza del Maestro, con una escultura de arte abstracto.

Al seguir rumbo a la Línea, el siguiente entronque es con el boulevard Abelardo Rodríguez, alrededor de cuya glorieta hay un café y un hotel. El monumento aquí es una estatua de Ignacio Zaragoza, quien debido a su supuesto nacimiento en una población mexicana que ahora es parte del territorio estadounidense se volvió importante para los mexicano-estadounidenses, al grado que el día de celebración nacional de México en Estados Unidos es el 5 de mayo (en lugar del 15 de septiembre), que es precisamente la Batalla de Puebla, que ganó Zaragoza. Es interesante esta elección para una estatua y no la de César Chávez, por ejemplo, quien luchó por los derechos humanos y laborales de los mexicano-estadounidenses. Sin embargo, no hay que olvidar que se tenía proyectado que el nombre de la ciudad fuera Ciudad Zaragoza.

Más adelante, cruzando un hotel, se llega al entronque con el Boulevard Diego Rivera, donde se encuentra la escultura de Abraham Lincoln. Anteriormente, la oficina consular estadounidense en la que se aprobaban o rechazaban las solicitudes de visa se encontraba precisamente sobre Diego Rivera. Cuando me dieron la visa de turista, lo primero que vi al salir del consulado fue a Lincoln con unas cadenas rotas en la mano, que simbolizan la abolición de la esclavitud y al mismo tiempo la libertad que supuestamente ofrece la promesa estadounidense. Era un poco perturbador que dicha estatua estuviera tan cerca del Consulado. Si la visa era otorgada, quien salía observaba en ella dicha promesa. Si la visa era rechazada, no es difícil pensar que uno es parte de los eslabones que Lincoln aprieta, lo que puede alentar una lectura contrahecha del monumento: la opresión o perpetuación de la esclavitud.

El entronque con boulevard Cuauhtémoc, así como la enorme glorieta que se hace en medio, puede ser quizá el hito espacial más importante en términos simbólicos para los tijuanenses. Es el sitio que han elegido para manifestarse, ya sea por movimientos político-sociales o para celebrar las victorias de los equipos de futbol. Quizás esta elección se deba a que la glorieta es un punto neurálgico de la ciudad, y por lo tanto de gran visibilidad, pues conecta a la Zona Centro, la Zona Río y el este de la ciudad. Hay un meme que recurrentemente suben a las redes sociales cuando ganan los Xolos o la selección nacional, donde la estatua de Cuauhtémoc reclama: “¡Otra vez ya vienen a fregar!”.

Entre la Plaza del Zapato, la Plaza Río, el Cecut y un McDonald’s (toda una metáfora de Tijuana: la fiesta, el consumismo, la cultura y las cadenas comerciales gringas en un mismo cruce) se ubica la glorieta Independencia, en el entronque de Paseo de los Héroes con el boulevard del mismo nombre, que antes del cruce todavía se llama Décima o Sarabia. Aquí la escultura es el Monumento México, apodado a veces “Las Tijeras”, o por algunos amigos como “El matabachas”.

A vista de pájaro o en un mapa, parecería muy fácil integrar las partes administrativa, cultural y comercial de Tijuana (Cecut, Plaza Río, ICBC y el Ayuntamiento) en una misma área, pero el río Tijuana siempre se interpone. La imposibilidad de construir sobre el canal socava toda posibilidad de integración de esta área urbana. El río es el constante recordatorio de la parte macilenta de la ciudad que muchos sectores temen o no pueden aceptar: la existencia de sectores en condición de vulnerabilidad, la drogadicción, la migración precaria, la innegable realidad de personas que, si no tienen dónde dormir, van a parar ahí. Es difícil no conceptualizar, en el corazón mismo de los puntos administrativos y comerciales más importantes de Tijuana, al río como una herida constantemente abierta que se rehúsa a cicatrizar, una marca inamovible de esa parte negada de la ciudad, incluso cuando tiraron “Cartolandia”, o cuando más recientemente desalojaron a todos los indigentes y destruyeron los ñongos o chozas subterráneas que utilizaban para esconderse, protegerse del clima y drogarse.

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