«Un Coney Island de la mente», no. 6, por Lawrence Ferlinghetti

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Estaban montando la estatua

de San Francisco

frente a la iglesia

de San Francisco

en la ciudad de San Francisco

en una callecita lateral

junto a la Avenida

donde no cantaba ningún ave

y el sol salía a tiempo

a su manera habitual

y justo comenzaba a brillar

sobre la estatua de San Francisco

donde no cantaba ningún ave

Y muchos italianos viejos

estaban todos de pie

en la calle lateral

junto a la Avenida

miraban a los astutos trabajadores

que subían la estatua

con una cadena y una grúa

y otros implementos

Y muchos reporteros jóvenes

con ropas abotonadas

apuntaban las palabras

de un joven sacerdote

que apoyaba la estatua

con todos sus argumentos

Y mientras tanto

mientras ningún ave cantaba

la Pasión de San Francisco

y mientras los presentes seguían mirando

a San Francisco

con sus brazos extendidos

a las aves que no estaban ahí

una joven virgen muy alta y

puramente desnuda

con cabello pajizo muy largo y

muy lacio

que vestía solamente un nido de ave

muy pequeño

en un lugar muy existencial

pasó por entre la multitud

mientras tanto

y por los escalones

frente a San Francisco

con la mirada baja mientras tanto

y cantaba para sí misma

Dos poemas sobre México por Gregory Corso

Tomado de «Gasolina», trad. de Aurelio Meza, Guadalajara: Paraíso de la fatalidad, 2014. Compra el libro completo aquí.

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De

Impresiones mexicanas

I

A través de una ventana en movimiento

veo un atisbo de burros

un puesto de Pepsi Cola

un viejo indio sentado

con una sonrisa sin dientes junto a una choza.

II

Nos detenemos en Guaymas,

una camioneta Ford nueva

llena de jornaleros melancólicos;

en el asiento del piloto, un jovencito

(condenado por su sombrero).

III

Molino, madera plateada, sin reja, inmóvil en México:

Incongruente molino como un pájaro, como una grulla rota,

Cojo, rígido, arbitrario, con vista amplia y vigilante,

¿Cómo sucediste aquí? ¿Todo solo, ajeno, desamparado,

Aquí donde no hay viento?

Demacrada estructura viviente, resignada, ¿estás satisfecha

con esta contradicción seca y sin viento?

Más suave, el cactus vive más que tú.

IV

Te digo, México:

Pienso en millas y millas de corpulentos caballos muertos;

Caballos pura sangre y de tiro, planos, recostados,

Rígidos con piernas rectas y bocas sin labios.

Es la pata tiesa, México, el diente salido,

Los que destrozan mis sueños ecuestres de pesadilla.

V

En el zoológico mexicano

tienen vacas ordinarias

de los Estados Unidos.

.

Puma en el zoológico de Chapultepec

Gato grande liso lento ligero suave

¿qué marca, qué coreografía bailaste

cuando bajaron la cortina final?

¿puede tal pesada gracia permanecer

aquí sola, en este escenario de nueve por diez?

¿Te darán otra oportunidad

quizás para bailar en las sierras?

Qué triste te ves; al mirarte

Pienso en Ulanova

encerrada en algún cuarto amueblado

en Nueva York, en la calle 17ª Este

en la sección puertorriqueña.