Novedad editorial en Colombia

Ya se encuentra disponible a la venta en Colombia mi nuevo libro de ensayos, Hojas fantasmas: miradas al interior de las editoriales cartoneras en México (Bogotá, Amapola Cartonera, 2021). En el siguiente podcast encontrás información sobre su contenido, formas de pago y envío.

Aurelio Meza, Hojas fantasmas: miradas al interior de las editoriales cartoneras en México
Aurelio Meza, Hojas fantasmas: miradas al interior de las editoriales cartoneras en México

El MP3 ha muerto… ¿Larga vida al MP3?

mp3 en usb mercado informal méxico
Puesto de música con memorias USB llenas de archivos MP3 en un mercado informal de la Ciudad de México. (CC) Reddit.

A pesar de la expiración de los patentes del MP3, usuarios en todo el mundo seguirán utilizando este formato durante algún tiempo. ¿Pero cuánto tiempo durará su influencia cultural, y cómo los proyectos de Humanidades Digitales están enfrentando problemas como la preservación digital a largo plazo, en virtud de la supuesta muerte del formato?

[Publicado originalmente en Pause Button, 1 de agosto de 2017]

El formato de compresión de audio MP3 detonó cambios radicales en la industria musical, reconfiguró los aparatos de reproducción de audio y rematerializó la manera en que abordamos nuestras colecciones musicales. También se volvió objeto de numerosos estudios académicos, como Nuevas tecnologías: música y experiencia de George Yúdice, MP3: The Meaning of a Format de Jonathan Sterne, y How Music Got Free de Stephen Witt.

No obstante, el Instituto Frauhnofer de Circuitos Integrados anunció recientemente que sus patentes para el MP3 han expirado, y que su programa de licencias terminó luego de 24 años en operación.

Quizás debido al tono concluyente del anuncio (reconociendo a quienes formaron parte del proyecto, agradeciéndoles por su apoyo), algunos medios lo consideraron “la muerte del MP3”. Como Sterne y Witt dejan claro, otras “muertes” han sido anunciadas anteriormente, ya que desde un principio el formato se enfrentó a numerosos competidores, como RealAudio o MPEG-2, el cual por algún tiempo parecía haber ganado la batalla. En fechas tan tempranas como principios de los 90s, Sterne nos cuenta, un hacker Australiano hizo ingeniería inversa en un códec de Fraunhofer que lanzó bajo el nombre “Gracias, Fraunhofer”. Aquí es donde divergen las dos versiones de la historia del formato: mientras que Witt considera que el MP3 sobrevivió a pesar de haber sido hackeado, para Sterne esto contribuyó a su popularización.

En una típica reacción a la noticia, Andrew Flanagan de NPR considera: “Puede que sigamos usando MP3, pero cuando la gente que pasó la mayor parte de una década creándolo dice que el juego se acabó, probablemente deberíamos comenzar a poner atención”.

PoéticaSonora 3

De izquierda a derecha: Cinthya García Leyva (PoéticaSonora-UNAM), Ricardo Dal Farra (PoéticaSonora-Concordia) y Mónica Nepote (Centro de Cultura Digital) durante la conferencia (PRE)POST, Ciudad de México, 2 de mayo de 2017. (C) Archivo Multimedia LLEOM.

Pero, ¿realmente es el fin del formato? Quizás lo sería si no hubiera sido liberado al dominio público; y oficialmente no es así, pero hay otras historias de “liberación” además de “Gracias, Fraunhofer”. Desde finales de los 90s, LAME, un codificador bajo licencia LGPL, ha preparado el camino para la compresión de audio en código abierto. Es usado por programas de reproducción de audio como Audacity, CDex y Virtual DJ. Aunque sus programadores afirman que no infringe ninguna ley de copyright, dado que su código fuente es liberado sólo con fines educativos, sí nos recuerdan que, en algunos países, usarlo puede interferir con los patentes de Fraunhofer; esto es, hasta ahora. La versión 3.99 de LAME fue lanzada en octubre de 2011, y su versión más reciente es de febrero de 2012. La versión más reciente, 3.100, aún no ha sido lanzada, y no ha habido noticias de los programadores luego de la expiración de los patentes de Fraunhofer. Sin embargo, programas de código abierto como el reproductor de audio gratuito Foobar2000 ya están agregando LAME a sus paquetes de codificación.

Es verdad que ya no habrá más desarrollo industrial a las técnicas que llevaron a su creación. Sin embargo, el MP3 seguirá circulando en culturas occidentales y occidentalizadas mientras funcione la infraestructura que la soporta.

Esto no es como cuando la última fábrica de videocaseteras anunció que dejarían de producirlas. La gente todavía puede crear archivos en MP3 sin Fraunhofer; nuevas mejoras al formato (si las hay) vendrán de comunidades de código abierto, más que de la industria. El AAC ha sido considerado con frecuencia como el heredero “natural” del reino del MP3, pero difícilmente tendrá el mismo impacto cultural. Como Sterne nos recuerda: “Para tener éxito, el futuro reemplazo del MP3 requerirá su propia combinación de procesos técnicos, formaciones regulatorias multi-industriales y transnacionales, prácticas de usuarios y oportunidades. Cualquiera que sea, sabemos que simples mejoras técnicas o nuevos modelos de negocios nunca son suficientes”.

También ha habido una severa “dependencia al camino” (la tendencia a usar un estándar o tecnología particular en lugar de otra) de las industrias de audio por este formato, el cual es difícil de resistir. Este concepto, acuñado por Paul A. David y estudiado por comunicólogos como Trevor Pinch, explica el éxito y el dominio del MP3 (un formato que comparte las historias de las industrias discográfica, de la computación, los electrónicos y la radiocomunicación) no por tener la mejor calidad en audio del mercado (que no tiene, y probablemente nunca la tuvo) sino más bien por la fuerte inercia que este estándar ejerció durante años sobre los mismos medios que hicieron posible su nacimiento.

Sterne explica que, “una vez que los fabricantes y usuarios adoptan un sistema construido en torno a cierto estándar, éste se convierte en un fenómeno que se auto-refuerza. Los fabricantes y los usuarios tienen interés en la persistencia del estándar (o ‘camino’), dado que un cambio en el estándar significa una transformación en el equipo de fabricación y, en ocasiones, más compras para los usuarios. Así que las potenciales ventajas de un nuevo estándar deben superar los costos tanto para fabricantes como para usuarios”.

PoéticaSonora 1

Enrique Arriaga, Curador de la galería Fonema, durante el I Encuentro de Archivos de Poesía y Arte Sonoro en México, 26 de Junio de 2016. Foto: Juan Jimeno (C) Archivo Multimedia LLEOM.

La transición a un nuevo estándar tomará más tiempo en suceder, por ejemplo, en Latinoamérica, donde vender CD-Rs o memorias USB llenas de MP3 es todavía un buen negocio para mercados y tiendas de computación informales. En países subdesarrollados o en vías de desarrollo, la desaparición de la infraestructura que hizo posible al MP3 tardará mucho más que en Europa occidental o en Norteamérica.

Entonces, ¿qué sucederá con repositorios digitales en audio basados en MP3, como PennSound o UbuWeb? De hecho, esta pregunta apunta hacia el dilema no resuelto de la preservación digital en general: no sabemos realmente cómo preservar archivos que a largo plazo se volverán obsoletos (esto es, inaccesibles a través de las infraestructuras disponibles). Algunos sugieren usar los estándares prevalentes en formatos digitales, software, y protocolos para enfrentar esta cuestión. Otros consideran que la emulación es la mejor opción sin reconvertir archivos y perder datos en el proceso. La migración de formatos no es recomendable para archivos MP3 porque es un formato de uso final [end-use format], y sus promotores no recomiendan su re-codificación. Sin embargo, la gente regularmente recodifica y recircula MP3, como en el caso de los mash-ups. El resultado, desde luego, es una pérdida de definición, tal y como cuando se fotocopia muchas veces un mismo documento.

La dominación del MP3 sobre otros formatos puede no ser tan crítica para repositorios digitales en audio ya establecidos, pero ciertamente lo es para un proyecto en proceso como PoéticaSonora. Creada por profesores y estudiantes de Concordia University (Montreal) y UNAM (Ciudad de México), PoéticaSonora está comprometida con la promoción y preservación del arte sonoro y la poesía en formato audio en México.

Uno de nuestros proyectos más ambiciosos es la creación de una base de datos en línea con herramientas de búsqueda refinada para consultar obras de poesía y arte sonoro. Los archivos sonoros han sido donados por diversas fuentes (institutos culturales, coleccionistas privados, artistas, etcétera). La mayoría de ellos viene en MP3, algunos otros en formatos de alta definición [lossless], o en CDs. En estos casos seguimos las sugerencias de Lisa Goddard (University of Victoria) y Kelly Stewart (Simon Fraser University), expertas en preservación digital, y usamos formatos lossless para la preservación, mientras que los MP3 están pensados para acceso y consulta. De esta forma tenemos un respaldo que no depende de soportes externos propensos a deteriorarse, como los CDs. Sin embargo, también significa que tal vez no haya un reemplazo en alta definición para algunos archivos.

PoéticaSonora 2

Los artistas sonoros Tito Rivas y Ute Wasserman exploran el archivo sonoro de la Fonoteca Nacional, previo al performance de Wasserman,
Habitat Imaginario, octubre de 2016. (C) Archivo Multimedia LLEOM.

En estos casos, tendremos que conformarnos con los MP3. Aún no tenemos una respuesta definitiva para este problema, y nos mantenemos al tanto con innovaciones en el campo para resolverlo.

En general, es bueno que la industria se esté alejando del MP3. Para autores como Sterne, sus sesgos de percepción lo hacen unn formato perfectible. Parafraseando la crítica de John Philip Sousa sobre la música grabada como “música enlatada”, Sterne afirma que “el audio en MPEG es sonido procesado para un mundo procesado”. El AAC no es tan popular como su predecesor, pero es igual de procesado. Hasta que otro formato no rompa sus lazos con la psicoacústica y su historia de procesamiento sonoro sesgado, no podemos afirmar que haya un buen candidato para ocupar el lugar que el MP3 ha tenido en nuestras culturas durante las últimas tres décadas.

 

Referencias

Pinch, T. (2001). Why You Go to a Piano Store to Buy a Synthesizer: Path Dependence and the Social Construction of Technology. In Garud, R. & Karnøe, P. (eds.), Path Dependence and Creation. Pp. 381–402. New Jersey: Rutgers University Press.

Sterne, J. (2012). MP3: The Meaning of a Format. Durham: Duke University Press.

Witt, S.R. (2015). How Music Got Free: The End of an Industry, the Turn of the Century, and the Patient Zero of Piracy. New York: Viking.

Yúdice, G. (2007). Nuevas tecnologías: música y experiencia. Barcelona: Gedisa.

Vida crítica

Mucha gente piensa que criticar algo o a alguien significa estar en su contra. Puedo ser incisivamente crítico con lo que me apasiona porque me gusta desentrañar las conexiones secretas que componen al mundo. La clave para logarlo puede cristalizarse en una pregunta bien formulada. ¿En qué se parece el inglés hablado en la frontera México-EU con el de la provincia de Quebec? ¿Cómo se conoce un país a través de un cuerpo? ¿Cuál era el sonido de la poesía en el continente americano a la vuelta del milenio? Las preguntas son llaves (clave es la palabra en latín para “llave”) que preparan el terreno para la formulación de nuevas ideas. En la lista de preguntas que me he hecho y me hago, los libros que escribo buscan llenar los huecos que dejan.

Al principio pensaba que la crítica y la empatía estaban disociadas una de la otra. Esto implicaba se podía disfrutar de algo estéticamente “inferior” sin necesariamente ignorar sus deficiencias. Es un  lugar común en el que he caído a veces: “Uno aprende a querer a los lugares, así como las personas, a pesar de sus defectos y, en el mejor de los casos, gracias a ellos”. El ejemplo amoroso parecía justificar todas mis necesidades (críticas y eróticas): cuando te gusta un cuerpo, cuando lo besas, te vienes en él o se viene en ti, estás activando no solamente efectos internos, mentales (deseo de plenitud, angustia o placer, fascinación con la otredad, etcétera), sino estrictamente físicos: las manos con las que recorres su piel se vuelven tus ojos. Y justo al recorrerla, como un códice, encuentras un lunar, un defecto según cualquier recuento, pero que resulta expandido por las otras dimensiones emocionales y fisiológicas en que te encuentras sumergido. Para mí, la crítica era esa mirada expandida, una combinación entre los sentimientos interiores, las relaciones sociales que lo sustentan –o no– y el “ojo” multisensorial que percibe las cualidades físicas o formales. El cuerpo erotizado, “la sacralización del cuerpo” si quieren, era mi pretexto para decir que criticar algo es amarlo hasta sus últimas consecuencias.

Hoy en día esta postura me parece egoísta, pues asume que lo que se critica (o se ama) existe en función de dicha práctica. Como si se necesitara de una aprobación, estética o social, para obtener una entidad ontológica, aunque antropólogos como Friedrik Barth afirmarían que el  reconocimiento de los otros es tan importante como el auto-reconocimiento en la conformación de la identidad. En cambio, para Dave Hickey, la crítica es el equivalente a hacer air guitar (gesticular como si se tocara una guitarra ficticia), ya que “no produce conocimiento, no enuncia hechos y nunca se mantiene por sí misma. Ni salva las cosas que amamos (como nos gustaría salvarlas) ni arruina las cosas que odiamos”. Es un ejercicio meramente accesorio, paratextual.

AIr-Guitar1

¿Cuál sería el punto, entonces, del oficio de la crítica, que no supera a la obra de la que habla ni tampoco la antecederá? Quizás la necesidad, precisamente, de indicar todos los puntos de fuga, las áreas difusas, poco claras, donde una nueva visión podría tomar lugar. No se trata tanto de buscar errores y condenarlos como si fuéramos los guardianes de un secreto incorruptible. “En el acto de escribir sobre arte”, según Hickey, “presionas al lenguaje al punto de la fractura y tratas de hacer lo que la escritura no puede: representar la experiencia. De otra manera, omites el misterio esencial, que es la razón misma para escribir cualquier cosa”.

Si amas algo o a alguien, critícale. Si resiste tu crítica, adquirirá (a tus ojos) un valor intrínseco; si no, nunca valió la pena. A veces me entristece tener que criticar a los autores que más admiro, pues cuando he llegado a conocerlos esto me provoca una sensación agridulce que muy seguramente mis criticados (pues por lo general esto me ha pasado con hombres) no comparten. Me gustaría que aceptaran mi crítica y siguiéramos platicando afablemente sobre cuánto los admiro. Pero desde que saben mi postura ante ciertos temas, la conversación no fluye de la misma forma, como si temieran otra crítica, es decir, otro “ataque” en esa situación particular del vocabulario. Yo jamás había visto mis críticas como ataques, sino como la manera estándar de relacionarme con las ideas que aprendo, los textos que me las transmiten y los autores que los escriben. Así me lo enseñaron otros profesores, como ellos mismos. Los objetivos con los que enuncié la crítica y la manera en que fueron recibidos distorsionaron el contenido de la misma y entorpecieron el proceso de comunicación, que se volvió algo que ni el criticador ni el criticado pudieron decodificar por completo.

Esto lleva al punto de la finalidad de la crítica. En el mundo del arte, la crítica funciona no tanto para cambiar la obra sino para evaluarla categórica aunque temporalmente (ya sea que esté terminada o en proceso), y de paso a su autor(a). En un plano amoroso, la crítica no necesariamente conlleva un cambio en el comportamiento de la pareja, aunque su influencia puede percibirse más palpablemente. Pese a que en el ejercicio crítico puede llegar a percibirse una exigencia de cambio en una postura o perspectiva en particular, quizás conllevando una disculpa, esa no es la intención innata de la crítica. La postura prescriptiva y patologizante que busca problemas en todo (y que sólo su intervención puede resolver) es una forma no marcada del quehacer crítico. Como dice Hickey: “las mentalidades policiacas siempre lucharán por imponer lecturas correctas, alinear intenciones con resultados, y asociar causas imaginarias con efectos putativos, pero siempre tenemos una opción”. Quizás el punto, tanto en la vida amorosa como en la crítica de arte, no es tanto querer las cosas pese a sus defectos, o querer cambiarlas por versiones más “correctas”, sino tomar el siguiente paso: buscar o crear nuevas representaciones y reflexiones que todo el tiempo sean incluyentes y fragmentarias, emancipadoras y flexibles. ¿Cómo voy a conseguir escribir siempre con una perspectiva de género, decolonial, consciente del antropoceno? Una semilla de futuro, una muestra de lo que está mal y puede cambiarse (y casi todo puede cambiar, salvo la muerte) me parece un buen legado que dejar al mundo. Ayudarnos a aceptar que la casa está tan infestada de plagas que más vale quemarla a ras del suelo.