Archivos Secretos: Víctor Rosas en Tijuana

En 2013, Víctor Rosas estaba radicando en Tijuana. Yo lo conocí poco antes, en el Festival de Poesía Navachiste, en su natal Sinaloa. Durante esa época pasó bastante tiempo en las casas donde viví, primero en la calle Cuarta y después en el Callejón Sarabia, ambos en la Zona Centro. Pasábamos horas leyendo, fumando y escuchando música; él no se iba y yo tampoco veía razón para decirle que se fuera. Me gustaba escucharlo cantar, era como tener un concierto privado diariamente.

Durante algún tiempo tomó prestada mi grabadora de audio, a la que insertó una tarjeta de memoria y convirtió en un reproductor portátil. También grabó algunas piezas por su cuenta, pero de eso no me enteré sino mucho tiempo después, cuando revisé la tarjeta de memoria y descubrí lo que ahora llamo sus “Tijuana Sessions”. El 3 de marzo de ese año nos reunimos él, Karloz Atl y yo en mi casa, unos días antes de que yo conociera a quien sería mi pareja hasta mi partida de Tijuana, en 2014. Rosas hizo unas 11 grabaciones ese día, de las cuales unas cuatro eran pruebas de sonido, “errores de dedo” o pistas demasiado cortas para ser significativas. En total, siete de ellas tenían suficiente duración y relevancia para sostenerse como piezas independientes, que en su conjunto retrataban una amena sesión a la que he denominado Archivos Secretos: Tijuana Session 2013. Quizás su única función era la de ensayar y permitirle a Rosas escuchar su propia voz, pero para mí se volvió un bootleg, una obra en sí misma.

La primera pieza es “Cruz”, que por ese entonces Rosas estaba refinando y cuya versión aparecería posteriormente en su Soundcloud, con un efecto de reverb que impide escuchar con claridad la bella letra de la canción. A mi parecer, la versión de Archivos secretos es más cercana al estilo de Rosas en vivo. Al fondo se escucha a Atl tecleando una computadora, y a mí haciendo libros cartoneros.

Y estoy viéndote en la cruz entero

y estás viéndote en la cruz como te ves

y sus llantos que son ríos y las flores

y su brillo tanto al centro como adentro.

Y estás bien cuando en la cruz, que aún no sabemos.

Y estás bien cuando en la cruz, pero de Malta.

Y su adiós que me dolió mientras caía.

Ahora tiene… igual que ayer.

Ahora emana sólo amor, igual que ayer.

Y estás bien cuando en la luz, que aún no sabemos

y estás bien cuando en la luz, que aún no se ve.

Y esa estrella que allá arriba, aunque es de día,

manda un brillo a toda hora, es atemporal.

Y estás viéndote en la cruz…

Y hazte clavo y hazte clavo…

Y has pecado y has pecado, y sálvate.

Rosas en TJ

Rosas en el Centro Cultural Artes del Libro, Tijuana, 2012

La segunda pista es un breve puente musical, al que le sigue una canción que Rosas cantaba mucho en ese entonces, “Los grillos”. Decidí llamarla así por los primeros versos (“Cri, cri, cri, los grillos en la noche después de llover”), y porque no conocía su verdadero título. Esta pieza no aparece en ninguno de los dos EPs que ha subido a Soundcloud, lo que me parece una lástima, pues podría llegar a ser una canción tan representativa de Rosas como “P de Papá”, “Santitos”, “Silence” o “Fin delfín”.

En “Conversaciones” se registra parte del espíritu reinante ese día. Atl y Rosas intercambiaban información por Facebook. Atl se sorprendía de que él y Rosas hubieran compartido tantas cosas juntos en el Festival Navachiste de ese año, y apenas unos meses después estuvieran de nuevo tan cerca uno del otro. Al final de esta pieza, Rosas confesaba: “Estoy grabando archivos secretos”.

Sigue “El ayer”, incluida en el EP que por esas fechas lanzaría Rosas, titulado Nacemos originales/Morimos copias (2013). Nuevamente, la letra de esta canción es más nítida en esta grabación que en la de estudio. Esta sesión muestra una faceta de Rosas más íntima, con la que yo había estado más en contacto, y que contrasta con los EPs disponibles en línea.

Rosas solía ensayar con frecuencia sus canciones en mi casa. Ese día, por alguna razón, puse más atención a lo que cantaba, y me conmovió la siguiente letra:

Muy temprano a la mañana

se despierta y va a trabajar.

Es de noche y el zorzal

ya despierto empieza a cantar.

Son tres cuadras y allá va

el colectivo que iba a tomar.

Toma otro y se sienta,

se adormece, empieza a soñar:

una playa lejos de acá

con caracoles y su mamá,

quien le dice: “Ven para acá,

come una fruta y vete a nadar”.

Son tres cuadras y allá va,

su parada quedó allá atrás.

Otra vez llegando mal,

sigue así y te van a echar.

Ah, uh. Ah…

Muy temprano a la mañana

se despierta, empieza a soñar.

rosas grafógrafo

Rosas en el Grafógrafo, Tijuana, 2012

“No sabía que era una historia”, le dije, y él me respondió, quizás ya un poco drogado, con el nombre de la canción y su autora original: “’El zorzal’, de Juana Moriera”.

La última pista de Archivos secretos es “Los días cantandos”, una de las más tocadas de Nacemos originales/morimos copias. También era una de las favoritas de Rosas en ese entonces y de muchos de los que conocíamos su repertorio.

Me gusta que este bootleg no incluyera algunas de sus canciones más populares. Eso lo hace todavía más valioso, representativo de un momento de transición entre sus dos EPs. Por cierto, yo recuerdo que había otro disco de Rosas previo a Nacemos originales, una grabación con una banda en vivo que incluía un bello cover a “Perla Blanca” de Hello Seahorse. Está por salir en estas fechas una colaboración suya con Fonobisa en Ready Set Sessions.

Siempre que escucho a Rosas tengo la sensación de que hace falta una guitarra más, quizás también bajo o batería. Su voz es muy evocativa y cautivadora, pero ¿cómo serían sus piezas si tuvieran los acompañamientos de Leiden, o de Valentina González, dos autoras a las que Rosas admira grandemente? Esto me recuerda una ocasión en la que Rosas cantaba en el Pasaje Rodríguez cuando se nos acercó Gonzalo, todo un personaje por sí mismo. Gonzalo traía una guitarra, comenzó a tocarla y a sermonear a Rosas: “Mira, esto es un acorde; esto es una progresión, etcétera”. Gonzalo percibía los mismos huecos en las piezas de Rosas que yo, pero su actitud fue demasiado pedante como para que Rosas lo tomara en serio. De regreso a casa me dijo: “Qué hombre tan enfadoso”, a lo que le respondí, no sin cierta sorna: “Pues la verdad a veces tú eres así de enfadoso”. No me respondió y seguimos caminando.

No sería sino tres años después, al encontrar los archivos en mi grabadora, que comencé a pensar en ellos como una unidad temática. Primero quité las piezas que no fueran lo suficientemente significativas. Sin embargo, la inclusión de “Musical” y “Conversaciones” como parte integral del disco pone en duda la inutilidad o falta de valor en las piezas que omití. ¿Qué es “legítimo” para una producción discográfica? ¿Cuándo se considera que una grabación es defectuosa, y cuándo es exitosa?

Archivos secretos muestra ese lado subjetivo inherente a todo proceso de editorialización. Para Matteo Treleani, la editorialización se refiere a la recontextualización de obras audiovisuales en un entorno digital. Los archivos en mi grabadora pasaron por varias etapas para finalmente poder ser discernibles como una obra artística. En ese proceso, una mirada crítica es fundamental para realizar este trabajo. Primero tuve que descubrirlos o redrescubrirlos en mi grabadora, y hasta 2016 los descargaría a mi computadora y los ordenaría en una carpeta separada. Durante meses me recordé a mí mismo que debía editar los metadatos para que adquirieran cierta “identidad” y dejaran de ser sólo 130303_002.mp3, 130303_004.mp3, etcétera. Finalmente, tuvimos que subirlo a internet y acompañarlo de esta reseña para que la red intertextual en la que se sustenta fuera visible y significativa. Este proceso para “hacer al audio discernible” ha sido descrito por Darren Wershler y Jason Camlot en sus “Theses on Discerning the Reading series”, quienes afirman que una implicación inmediata de la mediación digital del sonido es su capacidad de capturar un evento efímero y reproducirlo posteriormente, lo cual “hace posible un análisis microtemporal […]. Las formas de onda pueden leerse, compararse, etiquetarse y analizarse para todo un rango de información (prosódica y de otro tipo) imposible con el texto”. Para Wolfgang Ernst, una grabación en audio esconde “una memóire involontaire de la acústica del pasado, no prevista para la tradición: una memoria ruidosa, inaccesible para el alfabeto u otro registro simbólico, añadido por el canal de transmisión (el proverbial medio en la Teoría de la comunicación de Claude Shannon)”.

La Tijuana Session ha sido posible como idea creativa solamente por el acto mismo de la grabación. La “memoria ruidosa” o “involuntaria” que acompaña estas piezas me permitió reconstruir la tarde en que nos reunimos Rosas, Atl y yo para beber, fumar, escribir, hacer libros, tocar y escuchar música. Esta reconstrucción posibilitó un “análisis microtemporal” sobre estas grabaciones: el grano de las voces, las movidas de la tarde. Sin ellas, todas estas relaciones se habrían perdido en el efímero acto. Parafraseando lo que dice Roland Barthes sobre la fotografía, el archivo de audio no es sólo la copia de un momento pasado, sino el trazo indexal surgido en el momento mismo del que forma parte. Es representación y evidencia a la vez, tal y como estas canciones son reproducciones de otros momentos similares, que a la par se vuelven únicas por la autogénesis o autopoiesis de la grabación.

Ni Rosas ni yo pensábamos en nada de esto cuando él le puso REC a la grabadora, ni cuando yo comencé a concebir las piezas resultantes como un bootleg. Sin embargo, el proceso me dio la posibilidad de reflexionar en torno a temas que he estado abordando en PoéticaSonora, como son la editorialización de archivos sonoros, las metodologías para estudiar el sonido, y la relevancia del formato audio para el análisis literario y la crítica del arte. Como resultado queda este disco. Ojalá que así fueran todas las críticas y siempre tuvieran un producto artístico; o que las reseñas produjeran un disco y no al revés. No sé si puede considerarse esto como un proceso de investigación-creación; yo lo veo como un “regalo” en su sentido más ritual.

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En busca de la frontera perdida

Publicado originalmente en Papel o Tijeras, blog del Colectivo La piedra, junio de 2014.

delimitations 1Marcos Ramírez ERRE nos vuelve a sorprender con su trabajo más reciente, Delimitations, en colaboración con David Taylor, donde trazan la frontera México-EUA antes de la invasión estadounidense de 1848. El proceso fue registrado en tiempo real a través del blog http://delimitationsblog.tumblr.com.

Durante el mes de julio de 2014, ERRE y Taylor (junto con el cineasta José Inerzia, quien realizó la documentación visual del proyecto) se dedicaron a hacer un sondeo de la frontera que existió entre ambos países por un período de 27 años, entre 1821 y 1848, la cual nunca antes había sido recorrida en su totalidad. El sondeo consistió en el montaje e instalación de 47 obeliscos de lámina de acero, cada uno de ellos numerado, equipado con sus coordenadas y con un código QR para descargar en un dispositivo móvil la app de Delimitations. Las localizaciones GPS de cada obelisco, compiladas a través de Google Earth, se pueden descargar y visitar de manera virtual.

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El único intento anterior por trazar esta fugaz frontera había sido emprendido en el siglo XIX por John C. Frémont (en cuyo honor fue nombrado Frémont Pass, en Colorado), quien abandonó su misión para enfrentar a ejércitos mexicanos en Monterrey en 1848.

Delimitations completa de alguna manera el trabajo de Frémont; hace un recorrido desde el Océano Pacífico, en el límite actual entre California y Oregon, hasta la desembocadura del río Sabine, en la costa texana del golfo de México. Dicha extensión cubre a todos los estados fronterizos del sur (más Nevada y Utah), así como una parte del midwest estadounidense.

Las coordenadas de la frontera fueron tomadas del tratado Adams-Onís, firmado entre España y EUA, que se respetó después de la independencia de México en 1821. En el artículo 3º se establece que los ríos Sabine, Red (antes Roxo) y Arkansas, así como los paralelos 32o norte, 23o oeste y 42o norte, marcaban los límites entre ambas naciones.

Los obeliscos son parecidos a las mojoneras que existen en la actual frontera México-EUA, aunque mucho más pequeños y menos duraderos. Los miembros del proyecto saben que los obeliscos de lámina estarán ahí hasta que se pudran o alguien los mueva de lugar. “Tal vez todos los monumentos están donde los colocamos. No podemos saber. Eso era parte del plan”, dice Taylor, mientras que ERRE reflexiona: “La fronteras cambian, las culturas también. Mientras, se redefinen”.

Delimitations se presentó en el marco de la exhibición Unsettled Landscapes, en la galería SITE de Santa Fe, Nuevo México. El día de la inauguración, el 20 de julio de 2014, ERRE y Taylor ya habían instalado 24 de los 47 monumentos. En dicha galería habían almacenado el material necesario para los obeliscos restantes (ya que en la camioneta del proyecto no cabía todo el material junto), con los cuales continuaron su camino rumbo al actual sureste estadounidense.

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Las personas que ERRE, Taylor e Inerzia se encuentran a lo largo de su recorrido, así como las reacciones ante su proyecto, constituyen uno de los productos más valiosos que nos ofrece Delimitations. Así lo expresa Taylor en una nota temprana:

Mucha gente que hemos conocido tiene la vaga sensación de que la frontera México-EUA se movió. Pocos parecen comprender que México alguna vez abarcaba todo lo que hoy es Arizona, California, Nevada, Nuevo México, Utah, Texas, más de la mitad de Colorado y pequeñas porciones de Kansas, Oklahoma y Wyoming. Desde que colocamos el monumento 02, cerca de los señalamientos que dan la bienvenida a los visitantes de Oregon, la recién instalada mojonera comenzó a atraer la atención. Sorpresa y curiosidad describen mejor las reacciones. Una mujer que casi se mareó de la emoción sobre nuestra aventura nos preguntó qué tan grande había sido México. Le dijimos que cedió alrededor de 55% de su territorio después de la invasión estadounidense. Un hombre que acababa de llegar y escuchó la conversación dijo: ‘Qué pena que perdieron’”.

Sin lugar a dudas, Delimitations busca paliar esa amnesia histórica por medio de una reflexión sobre el dinamismo de las fronteras, que por momentos parecen inamovibles, aunque siempre son producto de las relaciones y las tensiones entre grupos humanos, por lo tanto un producto cultural, nunca natural.

Las reacciones variaban de un lado a otro. Taylor se acercó con Sean Kelly, un indio terrateniente de la tribu Shoshone-Paiutl, quien aunque tenía prisa y no pudo quedarse a conversar se sintió muy atraído por Delimitations. Mencionó que él y un amigo Navajo habían tenido, unos días antes, una conversación que encajaría con el tema del proyecto, “sobre cómo la historia y las cosas se desplazan”. Kelly consideró que el monumento 06 se vería bien en la entrada de su terreno, donde finalmente fue instalado.

Otra historia remarcable es la del obelisco 30, en Dodge City, Kansas. Escribe Taylor: “Si el perfil de México en 1821 hubiera perdurado, Dodge City habría sido una población fronteriza”. Actualmente, más de la mitad de los habitantes son hispanos, y una tercera parte blancos. Ahí conocieron a Mike Casey, dueño de un restaurante, quien para Taylor es un ejemplo de cómo las poblaciones en esta región se han adaptado a los cambios migratorios y sociales de la época, pese a las diferencias ideológicas inherentes entre ellas.

La nostalgia por los territorios perdidos; el suceso de adentrarse en un lugar desconocido pero que de alguna manera consideramos “nuestro”; la relación entre identidad nacional, frontera geopolítica y consciencia histórica; la migración de mexicanos a EUA, así como la concientización sobre todos estos procesos históricos y sociales, son algunos de los temas que Delimitations trae a discusión con la instalación de estos 47 obeliscos en la llamada “unión americana” que, bajo esta luz, se nos muestra como un cementerio de fronteras latentes.

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Seminario – Colectivos, frontera y campos artísticos

Charla en torno a tres colectivos artístico-literarios de San Diego y Tijuana, en el marco del seminario de José Antonio Giménez Micó en la maestría en estudios hispánicos de Concordia University, en Montreal, Canadá, el 15 de marzo de 2016.

Más información:

La frontera silenciada. Tesis de maestría

“Arte, literatura y acción colectiva en Tijuana-San Diego”. Artículo académico

La vida es partir: Tijuana de ida y vuelta

Escribir sobre Tijuana se convirtió  en mi solución para no olvidarla, y esto me trajo de vuelta más pronto de lo que esperaba. Mis primeros tres meses en Montreal los pasé afinando Sobre vivir Tijuana. Como en la canción de Santa Sabina, estando aquí no estaba. Bien sabía que habría cambios y permanencias en Tiyei durante el año y medio que me ausenté. ¿Cuáles fueron los cambios más palpables? Al llegar me sorprendió y entristeció el “pueblo fantasma” que dejó la ampliación El Chaparral en la garita de San Ysidro, en lo que alguna vez fuera la salida principal para peatones. Esta modificación, a su vez, propició la “taxificación” del transporte público en la Línea: ahora resulta más práctico tomar un taxi que arriesgarse a cruzar por las hileras de locales cerrados que escoltan el paso al puente peatonal, o rodear la glorieta para esperar el camión en una curva que no tiene paradero instalado. Otro factor de inminente cambio es el rumor confirmado del cierre del Zacaz, que dejará de tener su clásica ubicación entre las calles Primera y Constitución. El miedo de que el traslado a otro local cambie todo el ambiente es patente, y a nadie parece consolarle la posibilidad de que la nueva locación pueda tener (ahora sí) grandes ventanas, o quizás una terraza o un espacio al aire libre.

Lo que realmente hice fue comer birria, pozole y tacos de camarón, así como acumular libros y música. Me di cuenta que quiero ampliar mi investigación sobre los colectivos en Tijuana hasta la década de los 90s, por lo que compré libros como Detonación. (Contra) cultura menor y el movimiento fanzine de Tijuana (1992-1994), de Pedro Valderrama; Entre atracción y repulsión. Tijuana representada en el cine, de Juan Alberto Apodaca, y Jóvenes excéntricas. Cuerpo, mujeres y rock en Tijuana, de Merarit Viera, para explicarme con mayor profundidad el desarrollo del trabajo colectivo artístico en la ciudad en la antesala al siglo XXI. Aunque ya conocía la revista Hojalata, órgano impreso del colectivo Poeta No Lugar, me emocioné al encontrar un ejemplar en una librería de viejo del centro, junto con la antología Sístole/Diástole, de editorial Cantarsis.

Aunque no siempre les dé “like”, siempre sigo la pista a los artistas tijuanenses que tengo agregados en Facebook. El sábado en la noche, Paty Torres me dijo que el Mous-Tache celebraba su 5º aniversario con un set de varios proyectos, entre ellos Grenda, de quien ya había escuchado hablar. Fuimos ya demasiado tarde y no lo escuchamos a él, pero fue una grata sorpresa decubrir a Trillones, proyecto del chicalense Polo Vega que me confirmó una vez más lo mucho que tiene para ofrecer la escena musical de Mexicali. En el Mamut me vendieron un disco de Alex Perales, y me alegró ver a Dardin Coria de Sondiero Travesura entre los espectadores-bebedores. La misma Paty me mostró en su casa algunas de las canciones del nuevo disco de San Pedro el Cortez. Como siempre, es la música lo que más se mueve en la ciudad, la moneda de cambio de todo el aparato artístico.

Mientras escribo estos párrafos caigo en la cuenta que, como cuando escribí Sobre vivir Tijuana, no tengo nada qué decir de la ciudad per se. Nunca fui ni seré cronista de los tijuanenses 1) porque no soy tijuanense, y 2) porque no creo que una postura individual tenga representatividad absoluta sobre una entidad social o colectiva. Eso sería caer en la fácil trampa de los tropos colonialistas, como la metáfora, la metonimia y las sinécdoques. Lo que yo hago es especular y conceptualizar con base en Tijuana. Es lo que hice en mi tesis de maestría y mis artículos sobre Tijuana, y más claramente en este nuevo libro. Hablo de los hitos artísticos, culturales o sociales de la región que me tocó ver y que he podido estudiar. Nunca he pretendido decirle a los tijuanenses cómo ver o pensar su ciudad. Últimamente, entre los comentarios de algunos compañeros y conocidos tijuanenses, he llegado a sentir esa presión discursiva que me marcaba como “el chilango” o, como bromeaba Apodaca cuando hace tiempo le conté de este libro, “un chilango más hablando de Tijuana”. Puede que sí, pero un chilango enamorado de la ciudad, dispuesto a conocerla en las buenas y en las malas.

Esta nota tiene dos finales. El primero es una afirmación pública: sí, Sobre vivir Tijuana es una representación, pero a final de cuentas una representación que se sabe parcial y perfectible. Toda la manufactura humana, desde las máquinas más complejas hasta el lenguaje mismo, es perfectible. Escribir sobre Tijuana como el “foráneo” que soy (para usar el regionalismo chicalense) era el acto más atrevido que me podía imaginar. Y lo hice porque la Tijuana que conocí, la que me tocó vivir durante los últimos años, iba a cambiar irremediablemente, incluso si yo regresaba, incluso si no me ausentaba por demasiado tiempo. “La vida es partir”, le dije a mi madre hace poco, luego de saber sobre la muerte de mi tío más joven, y creo que aplica para todo, no sólo para prepararnos ante la inminencia de la muerte. Siempre estamos partiendo de un lugar, una amistad, una relación, una forma de vida. Es duro aceptar que todo cambia y nada es estable. Pero así es cualquier amor, por ejemplo, mi amor por Tijuana: una incertidumbre, la de intimar con el otro, o amar al prójimo if you will.

iPhone de aurelio 376

El segundo es un final íntimo. Lo que más me fascinó de este viaje fue observar cómo mi acompañante iba conociendo, por primera vez en su vida, a Tijuana y el resto de México a través de la ciudad. Me parece increíble, desde mi particular trayectoria de vida, pensar en conocer antes a Tijuana que al DF. No por ello dejamos de compartir reacciones similares ante situaciones específicas. “Marica, qué fuerte”, me dijo al dar vuelta en el tramo del malecón más cercano al muro fronterizo. Acostumbrada a las fronteras del sur, menos fácticas o físicas que la México-EU, Aleja compartió una sensación que he visto en mí mismo, en otros mexicanos y extranjeros por igual, al contemplar por primera vez el muro tan de cerca. Me intriga mucho saber qué es lo que va a escribir al respecto, las cosas que crearemos juntos a partir de este encuentro. Más que un laboratorio, como García Canclini la calificó, Tijuana es más bien un campo en reacción constante con los cuerpos que ahí se disuelven, “mezclándonos lejos” como en el poema “Norte”, de Gerardo Deniz. La ciudad no es un sujeto ni un paciente, sino un agente de su propio ciclo de creación/descomposición. Re-conociendo nuestros cuerpos, Aleja se sumergió en México a través de su herida más visible. Se me confunden sus besos con la noche de Tijuana. “Algo de mi sustancia / se hacía matiz tuyo / en el albor de nuestro primer año” de (no) conocernos.

Actividades en el XIII Festival de Literatura del Noroeste

XIII FelinoJueves 12 de noviembre – El Cubo, Cecut

18:00 h. – Mesa redonda sobre traducción literaria. Participan: Anthony Seidman, Sonia Gutiérrez, Aurelio Meza y Gaspar Orozco Modera: Roberto Castillo

Sábado 14 de noviembre – Sala Federico Campbell, Cecut

12:00 h. – Mesa redonda sobre proyectos editoriales independientes. Participan: Luis Armenta Malpica y Aurelio Meza. Modera: Mauricio Bares.

16:00 h – Presentación de Sobre vivir Tijuana de Aurelio Meza y Años de lucha, años de guerra de Gabriel Trujillo. Participan: Aurelio Meza y David Piñera. Modera: Daniel Martínez